Un cuento para cada día    Alhaurín de la Torre, 29 de enero de 2003

CHOCOLATE

Reyes Bellver. Noviembre 2002. kingisbell@hotmail.com

Cada año vuelvo a la fiesta de mi colegio. Todos los antiguos alumnos, y los que aún lo son, nos volvemos a encontrar allí.

Primero, se celebra una gran celebración con motivo del Fundador, en la que cantamos y por qué no decirlo, también nos reímos un poco. Después, hay una gran chocolatada en el patio del colegio. Nosotros, siempre bajábamos al patio tan pronto como sentíamos ese olor tan dulce, claro está, para no quedarnos sin él, y veíamos a las pobres madres removiendo el chocolate con una gran sonrisa de satisfacción.

Desde pequeños, nuestro grupo de amigos siempre pensó, que aquellas madres que hacían el chocolate, no debían tener mucho más que hacer, ya que, remover y remover el chocolate hasta que se quede lo suficientemente espeso y sin grumos es todo un trabajo. Con los años, nos dimos cuenta de que sí hacían más cosas, no solo el chocolate. Se veía a las mismas madres organizando reuniones con los padres, actividades extraescolares y hasta cursos de encaje de bolillos, para ellas, claro.

Pero estas fiestas eran diferentes. No sé si será por el chocolate...¡pero es todo tan dulce! Especialmente cuando eres pequeño. Todo es mucho más especial.

Siempre se forman unas colas enormes para coger un vasito con unas galletitas; después, te juntas con tus amigos en medio del patio, con todo el frío de noviembre, y bebes un buen trago de tu chocolate. ( “Mmmmmm... delicioso” ).

Cuando se termina el primer vaso intentamos ir a por otro, pero viene tanta gente, que es casi imposible. Aunque algunos sí que lo consiguen.

Hace unos cuantos años, los más gamberros del colegio, se dedicaron al “lanzamiento del chocolate”, que dejó el patio prácticamente marrón... Aún recuerdo las caras de los profesores al día siguiente, diciéndonos que era una vergüenza la juventud de hoy en día. Sigo sin entender cómo podían desperdiciar tal dulce.

Con el tiempo, el famoso chocolate pasó a ser una excusa para que nuestros padres nos dejaran llegar más tarde a casa. “Sí, sí, papá, que va a durar más este año porque hay más chocolate, así que creo que llegaré más tarde.” Al final funcionaba, y todos conseguíamos reunirnos durante unas horas bajo el sabor del chocolate.

Pero desde hace un par de años las cosas han cambiado.

Ahora, esa chocolatada con motivo de las fiestas del cole, se ha convertido en la perfecta excusa para reunirnos todos otra vez.

 Ahora, entre galletas y chocolate, nos vamos contando qué tal la carrera o la familia o si hay algún nuevo novio o novia que debamos conocer.

Ahora, nos volvemos a ver mientras esperamos en la cola para un pequeño vaso, entonces nos miramos y observamos lo cambiados que están algunos, o no.  También criticamos a los que siempre nos cayeron mal... aunque en esos momentos solo te acuerdas de aquellos momentos divertidos, de las risas y no de las lágrimas, de las alegrías y no de las penas.

Ahora, nos reunimos en el mismo patio del colegio, junto al mismo chocolate, hecho por aquellas madres que no envejecen, y sonreímos, sonreímos porque todo cambia, pero esto, sigue y seguirá, igual.

 


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