Una historia
cada día, un cuento
cada semana
Alhaurín de la Torre, Málaga, Andalucía, domingo 9 de
noviembre de 2003
Luis Perez Egana. Perú. luis.perezegana@haug.com.pe
En un pueblo bien conocido de Chincha “El Carmen” vivía el profesor Cipriano Contreras, un hombre aparentemente normal, incapaz de faltarle el respeto a alguien. Vivía del sueldo que cobraba por ser docente de la única escuela del estado en el pueblo, tenía probablemente cincuenta años, era soltero y siempre sea invierno o verano vestía una casaca de cuerina negra. Todos los días, a eso de las siete de la noche, caminaba por la plaza de armas que se adornaba de árboles y faroles y saludaba a los moradores quienes lo consideraban un personaje medianamente importante en la localidad.
Una noche que Don Ciprianio salió, dos personas amigas de lo ajeno decidieron robar lo poco que había en la escuela. Seguros que nadie los hubiera visto, subieron por el muro posterior que era de adobe ayudándose con la popular “patita de gallo”, corrieron por el patio y rompieron la puerta de la dirección. Ahí encontraron un engrampador que metieron en su costal, lapiceros “Novo” nuevecitos, borradores, un cenicero de bronce y algunas chucherías más. Luego, sabiendo que Don Cipriano vivía ahí forzaron la puerta de un cuarto que estaba detrás de las oficinas y encontraron algo interesante, una radio grande que podían reducir en veinte soles, no les llamó la atención que esta habitación estuviera empapelada con fotos de mujeres desnudas, mayormente bailarinas de Lima; así que continuaron buscando. Después de encontrar algunas monedas, abrieron el cajón de una cómoda y contemplaron con asombro las fotografías de la pareja de uno de ellos junto con casi mil fotos más, todas desnudos amateurs que iban mostrando poco a poco rostros conocidos de “El Carmen”, de “Hoja Redonda” y de otros caseríos de la zona. Cuando el costal se llenó, salieron y dejaron todo regado por el suelo como a propósito. Dos horas después un parroquiano se dio cuenta que la puerta estaba abierta, dio un vistazo y se percató que la puerta de la dirección había sido violentada y sólo atinó a correr a la comisaría para reportar el hecho, el cual en dos días capturó la atención de la prensa nacional y tuvo a Don Contreras en el calabozo por mañoso.
Un tiempo atrás Don Cipriano cobró un aguinaldo por Navidad y decidió hacerse un regalo, una cámara Kodak con flash incorporado que compraría en un Supermercado grande de la capital, luego le obsequiarían un rollo de veinticuatro tomas a elección de él. Cuando llegó a “El Carmen” fue donde sus padres, le tomó una foto a su mamá, otra a su papá y le pidió al vecino que le tome una a los tres juntos. Después no tuvo más que hacer y se marchó a su casa, estaba ansioso por verse pero sabía que le faltaban veintitrés tomas más. Cuando llegó, colocó la cámara sobre su viejo escritorio de madera, el que hace cincuenta años donó la familia Pérez – Egaña a la escuelita de “El Carmen” y continuó con sus quehaceres domésticos poniendo énfasis en hervir el agua para la infusión de “Hierba Luisa” que tomaría esa noche. El cuarto empezó a oler a esa planta que se siembra en los jardines y que se bebe tanto en el Perú. Encendió su televisor blanco y negro para acompañarse y aunque no prestaba atención a ningún programa, el sonido le hacía sentir que no estaba solo, así que se tiró en su cama, se tiró también un par de pedos largos y cogió “El Oreja”, diario poco serio pero barato que tenía por política sacar mujeres casi desnudas en su portada y sobretodo en sus páginas centrales mostrando una muy marcada característica de la mujer peruana: la piel trigueña; todas exhibían despampanantes senos y traseros descomunales. Don Cipriano contempló las fotografías y dejó volar su imaginación, soñó despierto con ser el fotógrafo de estas reinas y estar diciéndoles que se coloquen de mil formas para que salgan más sugerentes; soñó con vivir en Lima y trabajar en “El Oreja”, tener una mejor cámara y una casaca negra con más brillo y de cuero de verdad; soñó con tener un cuartito en el que fotografiaba a todas estas ninfas del Titi Caca, del Río Santa y del Amazonas; soñó con ver...........
Ya era de noche y Don Cipriano escuchó un ruido afuera, era Eloísa que había cogido una piedra para golpear el portón de la Escuela y así el Maestro pueda oírla.
- Maestro, buenas noches.
- ¿Qué te trae por acá Eloísa? ¿Olvidaste limpiar alguna de las aulas?
- No, Don Cipri. Es que mañana faltaré porque tengo que llevar mi papel de renovación de contrato a la oficina del Ministerio en Chincha.
- Pasa, pasa y lo llenamos.
Eloísa era una lugareña que se dedicaba a limpiar la escuela, no era negra como la mayoría, más bien era chola, además madre soltera y de veinticuatro años. La pobre ni escribir sabía por eso todos los años iba donde Don Cipriano para que le llene el formulario de renovación de contrato, además era éste quien decidía el personal de la escuela.
- Siéntate Eloísa. ¿Quieres Hierba Luisa?
- A ver, Don Cipri.
- Espérate que le voy a echar Pisco (trago bien Peruano).
- Ya pe` Don Cipri, como para celebrar que otro año más limpio el colegio. ¡Ja, ja, ja, ja!. Soltó una risa abundante, ruidosa y hasta estúpida, una risa parecida a la de “la mujer caballo”.
- Sírvete Mami.
- ¿Qué es este aparato Don Cipri… pistola?
- No, es una cámara.
- ¿De llanta?
- No seas burra Eloísa, de fotos. Con esto se hacen las ilustraciones para los periódicos, las revistas, los carnets… tú te paras, te toman y sales igualitito. Claro que hay que llevarlas a Chincha para que les echen un aguita y queden listas.
- ¡Asu! Don Cipri ¿Y de dónde me ha sacado usted ese aparato? ¿Le han prestado?
- ¿Prestado? Ni hablar, yo me la he comprado en el “Super” de Lima.
- Caro debe ser ¿no?
- Sí pues, un poco. Pero con el aguinaldo de Fiestas Patrias, pues. Y tú ¿Qué has hecho con eso?
- Yo me he comprado dos vestidos y ropa de adentro. ¡Ja, ja, ja! ......... otra vez esa risa de mono con vaca, de mujer caballo.
- Oye, y... ¿Por qué no la traes, te la pones y te hago fotos de todito?.
- ¿De verdad? Don Cipri.
- Claro pues Cholita, corre a tu casa.
- Ya pues, al ratito vengo.
En un primer momento las intenciones de Don Cipri fueron buenas, pero cuando dijo “todito” también pensó en que ella le había hablado de ropa interior y al decir esta palabra como que sintió un regocijo en el cerebro. De inmediato imaginó a las mujeres de “El Oreja” medio desnudas y él haciéndoles las fotos, por lo que decidió probar suerte con Eloísa y ser a su modo un remedo de sus sueños.
Esta vez Eloísa ya no tuvo que golpear el portón con la piedra, Don Cipri estaba parado afuera, alumbrado por la luna en la única calle pavimentada del pueblo que, a esas horas, ya estaba dormido.
- Pasa, pasa, Cholita.
- Mire Don Cipri, acá esta la bolsa con ropas.
La mujer sacó una bolsa de papel.
- ¡Que bonito este vestido! Te debes ver muy bien con él, póntelo.
- ¿De verdad? Don Cipri. Entonces, me voy para el otro cuarto.
- ¡Apura cholita! Yo voy a traer la lámpara para alumbrarte con más luz. Pero... esta máquina tiene unos cuadraditos encima que se llaman “Flash”..... y es como la luz de un rayo que sale y alumbra todito...
- ¡Mire! Ya estoy lista. ¿Qué tal?
- Te ves linda, pero... ¿Cómo te hago las fotos? ¿Cómo las de artistas de periódico?
- ¡Claro pues, Don Cipri! A mí, sí me gustaría ser artista de periódico.
- Entonces busca aquí en “El Oreja” y dime ¿Como quién quieres ser?
Ella estuvo un buen rato mirando el periódico “El Oreja” y parecía que se había decidido.
- Como ésta, Don Cipri.
- ¡Pucha! Tú si que pareces Chola burra, oye. ¿Cómo vas a parecer artista? Ésta es la foto de la Ministra de Trabajo.
- ¿Cómo va a ser Ministra si tiene banda de reina?
- No, oye. Las ministras también tienen banda con los colores de la bandera peruana porque son importantes, pues.
- ¡Ah! ya, ya. Entonces ¿Como cuál, pues? Si las otras están calatitas.
- Mira, primero vamos a tomarte así con tu vestido. Yo te digo como te pones.
- Usted mande Don Cipri.
- Siéntate en la mesa.... así.... ahora cruza tus piernas, apoya tus brazos atrás, suéltate el pelo, tu cara llévala un poco más para atrás, jálate la falda un poco más, pues...... ¡Si tienes bonitas piernas!
- ¡Ja, ja, ja, ja! ¿Usted cree Don Cipri que yo voy a tener bonitas piernas? ¡Ja, ja!… Bonitas piernas dice.
- Claro, Eloísa. Si cuando limpias la oficina yo te veo, tremendas yucas que tienes, las más bonitas de “El Carmen”.
- ¡Oiga! Don Cipri ¿Qué tiene, ah? ¿Cómo me mira? …. ¡Ja, ja, ja, ja!
- Bueno, va la primera foto… respira bastante. A la una, a las dos y a las tres.
- ¡Ay! ¡Carajo! Jarjacha! (Alma en pena en la serranía del Perú).
Eloísa corrió hacia el patio del colegio como si realmente hubiese visto a Satanás calato y Don Cipri salió a alcanzarla.
- ¿Qué pasa Eloísa? ¿Por qué corres?.
- Hay, Don Cipri, ya no quiero nada. De su máquina ha salido un diablo que me cerró los ojos y me violó todita.
- ¡Oye! No seas mula, chola. Ése es el flash, es la luz para que la foto salga clarita, si no sale noche todito.
- ¡Ah! ya. Pero yo me he asustado pues, por eso me corrí para la "loza deportiva".
- Ya, no te asustes cholita. Vamos para adentro rapidito.
- ¿A ver mi foto?
- No pues, tengo que acabarlas y llevar a chincha la máquina, ahí en la tienda las revelan.
- ¿Revelan?
- Las revelan pues, les ponen un aguita que aclara y ya salen en cartón, pues ¿Entiendes?
- ¡Ah! Ya, ya.
- Bueno, vamos a hacer otra. Pero con otro vestido.
- Me voy a poner pues, espérese Don Cipri… pero no te molestes pues.
- No me molesto, pero pareces chola oye. Así nunca podrás ser artista de periódico. Creo que necesitas más Hierba Luisa con trago para que te sueltes. Toma esta taza, pero bébela rápido, toma cholita toditida.
- Ya está Don Cipri, bebí todo el vaso.
- Ahora toma otra rapidito, toditito. Es que te falta estar más fresca, más suelta, como las chicas de “El Oreja”.
- Pero Don Cipri, ahí salen calatitas. Yo no voy a salir así. Imagínese qué dirían mis padres.
- No, Cholita. Sólo yo las veo y yo no voy a enseñar a todos, a ti nada más para que te veas. Después tú la rompes, si quieres.
- ¡No! ¿Cómo voy a romper mi foto? Es como matarme. Bueno, tome no más, pero calata no, no, ah.
- Ya, toma tu pisco no más cholita. Más bien, estate tranquila y vamos al patio para hacerte una más con el árbol… así con la naturaleza. Está de moda la ecología y vas a parecer una “Eco-modelo”.
- ¡Ja, ja, ja, ja! ¿Modelo Don Cipri? ¿Yo? ¡Ja, ja, ja! Modelo dice.
- ¡Claro! Si eres bonita, toda tu vida no vas a fregar pisos, derrepente yo te hago famosa, pero no me olvides ah, derrepente cuando ya seas artista ni te acuerdas de mí.
- ¡No! Don Cipri, cómo dice eso. Yo si lo pondría para que me haga todas las fotos de “El Oreja”.
- Bueno vamos a la loza deportiva y te apoyas en el árbol.
- ¿Así, Don Cipri?
- ¡No pues, cholita! Más suelta. Mira, primero date una vuelta corriendo a la loza para que te sueltes, ¿ya?
- Ya, Don Cipri. Es un ejercicio para modelo ¿no? Para que me suelte..... ¿De qué?
- Sí, Cholita. Y Don Cipri pensó: “Corre no más chola cojuda, para que te dé el aire y te emborraches rapidito.”
- Ya, Don Cipri. ¡Qué difícil es ser modelo, no? Creo que mejor limpio el colegio no más.
- ¡Estas loca! No sabes cuanto dinero ganan las chicas que trabajan en “El Oreja”, hasta tienen su auto.
- ¡Auto! ¡Ja, ja, ja!. Imagínese, yo Eloísa en auto. ¡Qué diría mi tía Flora! Tendría envidia porque ella es la única en la familia que tiene auto porque su esposo hace colectivo en Chincha. ¡Ja, ja,! Tener auto dice.
- Mira Eloísa, tú te dejas hacer las fotos y las cosas vendrán rapidito; auto, licuadora, zapatos, mimosa con alas, casa, viajes a Lima, entradas al cine; lo que pasa es que no tienes confianza en ti. Mira a los toros de la chacra, cuando son jóvenes y débiles los amarran con una soga a una estaca de la que no pueden liberarse. Cuando son grandes y fuertes pueden jalar más de una tonelada de peso y romper soga y estaca fácilmente; pero siguen creyendo que, mientras tienen la pata amarrada a la estaca, es imposible que se liberen. Tú eres como esos toros, estás atada a tus pensares de paisana. No es así cholita, de ninguna manera, tu poto te llevara a “El Oreja” y a miles de lugares más, sino mira a la Chola Chabuca cómo ha triunfado, a la Chola Cachucha, a la Chola Jacinta, mira a la Chola Tula.
- ¡Ya, ya, ya!. Entonces hágame no más, pero como Chola Jacinta no quiero ser.
- Ponte ahí no más ¡carajo! Abraza el árbol… súbete más la falda.
- ¿Hasta dónde?
- ¡Todito!
- ¿Así, Don Cipri?
- Bueno, si puedes un poco más. Acuérdate que más enseñas, más rápido tendrás auto.
- Ya, Don Cipri. ¡Ja, ja, ja! Auto dice.
- Ahora vamos adentro que esta haciendo frío.
- Ya, mi Don Cipri. Porque estoy un poquito mareada.
Pasaron otra vez al cuarto. Don Cipri con más deseos de verla desnuda y Eloísa medio borracha y con ganas de ser “Artista de Periódico”.
- Bueno, bueno. Haber préstame tu bolsa para ver qué otra ropa hay. ¡Oye! y tu ropa de adentro.
- No, ésa la tengo puesta pues, mi Cipri. Si me la acabo de comprar. Pero así, no quiero pues. Nada de encalatadas.
- Mira, si quieres ser Artista de periódico, no vas a estar así como chola. Ahora, olvídate que eres serrana. Además, no me vas a estar haciendo trabajar por gusto. Por último, me molesto y te vas. Ya no firmo tu formulario para que te contraten en el colegio y traigo a la hermana del Edgar para que trabaje.
- ¡No! Mi Cipri. Yo quiero trabajar pues, no sea así pues.
- Sí pues ¿Cómo tuviste valor para calatearte con el Junior? Que encima te dejó preñada para después largarse a Lima y ahora que tienes la oportunidad de trabajar para mí y también de ser “Artista de Periódico” como la Ruby Berroscal, como la Rosa Rosas de Rosales, hasta derrepente a Congresista llegas, pero te haces la pudorosa. No seas engañosa pues cholita. Te haces la difícil, total esto es entre tú y yo.
- ¡Ya, ya! Don Cipri. Pero, hágame mi formulario pues.
- Trae el papel. Acá va mi firma, acá tu puesto de trabajo, tu edad y tu dirección. ¡Listo! Ya ves, tú conmigo no te puedes negar a nada, porque por mí te dan trabajo y si quiero tomar fotos a tus partes, tú te debes dejar.
- ¡Muy bien! Ahora, quítate el vestido y quédate con tus prendas íntimas no más.
- Ya mi Cipri. ¡Ja, ja, ja!... pero no mires. Sólo por el huequito de tu cámara pues, así con tu ojo no me veas.
- ¡Listo! Ahora párate frente a la puerta de espaldas y jálate tu trusa, para que se vean bien tus nalgas.
- ¿Mis nalgas?
- Tú poto pues chola, tu poto..
- ¡Ah! Ya, ya. Si conozco.
- ¡Sácalo! ¡Sácalo pues! Como los gatos cuando se estiran, así pareces burra. Ahi va. Ahora calatita, sácate tus prendas y vamos a sacarle foto a tu alma.
- ¡Ya! Don Cipri. Pero no le va enseñar a nadie.
- A nadie pues cholita, si salen bien ya las mandamos a “El Oreja”, pero nadie mas va a ver. Estate tranquila.
- Encalátate no más.
- ¡Ay!...... vergüenza me da.
En una hora se acabó el rollo, aunque Don Cipriano siguió disparando el flash para poder seguir viendo a Eloísa tal como vino al mundo. No le interesaba poseerla, solamente verla. Esto se debía a que cuando era niño él vivía en una casa que colindaba con un prostíbulo que quedaba en el control de transportes de la carretera a Cañete (peaje) y desde su corral, veía cómo se acostaban las prostitutas con los camioneros, lo que le generó el exquisito placer de ver; aprendió a encontrar el éxtasis sólo contemplando. También descubrió muchas cosas que para él eran desconocidas, por ejemplo un día de Marzo vio varias veces a su abuela, quien se prostituía sólo en esta temporada para comprar los útiles escolares de sus nietos y después volvía a su vida de feligresa y buena cristiana. Era algo eventual, él entendía el sacrificio pero nunca entendió el goce de la vieja. Aprendió que la corrupción estaba en los polos, en gente muy pobre que era capaz de hacer cualquier cosa con su cuerpo por dinero y de gente muy rica que puede pagar y corromper. Tantas veces pudo ver no sólo a camioneros sino a los hijos de los señores que veraneaban en “Las Piedras” y que, con casi un cuarto de su propina, contrataban los servicios sexuales de las prostitutas. Había para escoger, gordas feas que eran las más económicas y las preferidas de los camioneros, las abundantes y también estaban las mulatitas que venían los fines de semana del verano y ésas eran las que escogían los chicos de “Las Piedras”; como que la belleza era percibida de diferente forma por unos y por otros. Bien dicen que la belleza está en el ojo de quien la percibe. Bueno, además si Rubens y Botero a las gordas las glorificaban, qué había de malo en el gusto de los camioneros, ellos las preferían así “acolchonaditas” y no les importaba nada; creo que hasta hubieran pagado por una vaca con falda. Pero los jóvenes de otro estrato social eran más exigentes. Las mulatitas sabían que nunca enamorarían a ningún niño rico, pero no era sólo por dinero que se acostaban con ellos, sino era un honor tener su atención por unos minutos y que se porten con ellas como algún día se portarían con sus esposas. Cuando las mulatas se quedaban solas, algunas veces se enfadaban mucho y decían que tanto era lo que les enseñaban en las artes amatorias para que al final los “gringos”, como llaman a los peruanos con dinero sean gringos o no, se vayan un día ya profesionales a hacer felices a las gringuitas con todo lo que aprendieron con ellas; pero que llegado el momento de sus futuras esposas sólo obtendrían besitos porque eran sus enamoraditas. Finalmente se consolaban pensando que nunca olvidarían el ritmo de cama de una morocha. Era poco probable que otra mujer del pueblo corra la suerte de “Mayra”, una morena que conoció a un Norteamericano Superintendente de una importante mina del Perú en el Restaurante de la carretera. Ella compró “La Amnesia”, lugar que le recordaba que alguna vez se acostó con chicos por dinero, luego se mandó mudar a Colorado. Pero todas sabían que eso sólo ocurría una vez, no había tantos gringos “valientes” que se casen con puta. El resto de mulatitas, se casarían con mulatitos. Así Don Cipri pasó su niñez y adolescencia viviendo en un mundo de contrastes, sintiendo el aroma a mar de Cañete, el frío de las nieblas por la mañana, el hedor de los lobos de mar muertos que varaban en el mar contemplando la fuerza del Río Mala cuando corría con aguas marrones durante toda la temporada de lluvia de la sierra, las construcciones incaicas saqueadas por los huaqueros, los animales del corral, los alacranes del camino, los patos de los pantanos y por otro lado la carretera que traía el dinero, los ómnibus interprovinciales, los autos repletos de niños que veraneaban en “Las Piedras”, los camioneros que buscaban putas, los traseros de las mulatitas.
Don Cipri siempre fue un poco retraído, se distinguía por tener una gran pasión por la lectura, su hermano mayor siempre le prestaba los libros “bambeados” que vendía a menos precio cuando los autos se detenían para pagar el “peaje”. Su destino cambió después de acabar el quinto de media cuando encontró a la Directora de su colegio, que quedaba en Bujama Pueblo, y ésta le avisó que necesitaban un profesor para tercer grado; fue en ese momento en que sin tener ningún título pasó a formar parte del magisterio. Con el pasar de los años recibió un curso de profesionalización a distancia y después de un tiempo obtuvo el título de Educador en zonas rurales, trabajó en Bujama, después en la escuelita “La Huaca” por el camino de “Las Totoritas”, estuvo un tiempo en Flores y finalmente obtuvo el puesto de Director en La Escuela Nacional de “El Carmen”. Él siempre le cayó en gracia a la Directora de Servicios Educativos de la Región, quien era una persona inmadura emocionalmente y Don Cipri despertaba confianza con su cara de cojudo.
Al día siguiente se ocupó de mandar el rollo a Chincha con un maestro y sólo tuvo que esperar hasta el fin de semana. Llegó el Viernes y Don Cipri despidió a los alumnos media hora antes, se puso su camisa celeste, su casaca negra, su pantalón azul, sus zapatos de ciudad y caminó a esperar el colectivo a Chicha; un viejo Dodge Coronet Nissan con motor petrolero que avanzaba a toda velocidad entre los algodonales levantando una polvareda increíble. Al subir se sentó en el asiento de atrás, estaba inquieto por llegar, excitado solamente con pensar en las fotos de Eloísa; se regocijaba pensando en cómo la chola había sido engatusada, en las futuras fotos que podía hacer y sólo quería que el auto avance a mil kilómetros por hora, es más, que le salgan alas y llegue a chincha rapidito. De pronto, antes de salir a la carretera Panamericana los detuvo una señora, el chofer frenó pensando que sería una pasajera pero ésta le reclamaba cinco soles por una gallina que le había atropellado en la mañana. Don Cipri se percató que era madre de uno de sus alumnos e intervino con un tono algo amenazador logrando que prosiguieran el viaje. Por fin entraron a la carretera y el auto pudo ir más veloz todavía. Llegó a Chincha y caminó presuroso a una cuadra de la Plaza de Armas y ahí estaba “el Chino” gordo con su polo a rayas y sus lentes oscuros. Apenas vio a Don Cipri dibujó una sonrisa y entró por una puertita cubierta con una tela, luego salió con el sobrecito de Kodak y esperó que se vaya una señora que había mandado retratar a su esposo muerto en el cajón (costumbre muy popular en los pueblos del Perú). Por fin cuando Don Cipri pudo sacar las fotos sólo sacó la de sus papás, las vio, pagó el revelado y “el Chino” le dijo:
- Chochera, ta` buena chola calata.
- ¿Así? Me alegra. Es para ver si sale en “El Oreja”.
- Tú seguir tomando fotito no más, yo revelar bien bonito. Trae más para ver. Más culos hago descuento, si no pasa la voz para ir a tomar defrente.
- Voy a sacar más para la próxima semana chinito. Pero si gustas te paso la voz para tomarlas, con tal de que no quieras paletear. Te portas bien ¿ya?
- ¡Claro! Chino no malea, mira no ma`. Después mi china paga pato... ¡Je, je, je!... con poto... ¡Je, je, je!.
- ¡Chucha! Salir poesía... pato con poto. Retrata teta y chino es poeta... ¡Je, je, je!
Don Cipri sintió que se agitaba, que el corazón le latía más rápido; era como estar en su corral contemplando a las prostitutas en pleno oficio, pero resistía prolongando el preámbulo al placer máximo. Caminó unas cuadras, llegó a la carretera y tomó el mismo colectivo para “El Carmen”. Cuando llegó entró apurado al colegio, se ocupó de que no hubiera nadie y se encerró en su cuarto. Sacó el sobre y quedó asombrado de ver a Eloísa con una cara de burro asustado en la primera foto, espantada por el demonio del flash, pero las que continuaron fueron acelerándole más los latidos porque las fotos no eran para “El Oreja” sino más bien como para esos álbunes que venden en Polvos Azules que las llaman “Pornos Amateurs” o “Calateos hechos en casa”. De inmediato salió corriendo a buscar a Eloísa, a la que encontró besuqueándose con un lugareño.
- ¡Oye, Eloisa! ¿Qué estas haciendo?
- Ay, Don Cipri. Bien molestoso eres ¿no? Yo estoy conversando con mi amigo.
- Que conversando ¡carajo!. Ven para acá.
- No quiero Don Cipri. ¿Para qué?
- Se trata de ”El Oreja”.
- ¡Ah! De ”El Oreja”. Disculpa Johnny.
- ¿Qué pasa profesor? ¿Por qué se la lleva?.
- ¡Oiga! A usted que le importa ¡carajo!. Yo soy el Director del colegio y si quiero lo meto preso por impúdico y estar chapando en la huerta ¡Caramba!
- Ya pues, Don Cipri. No se moleste. Pero ¡pucha! que usted es más “aguafiestas”. Yo he gastado mi Lulú familiar (bebida grande enbotella) y una mano de plátanos y justo la necesita usted.
- ¡Oiga, insolente! ¿Qué se ha creído? ¿Que Eloisa vale una Gaseosa barata y una mano de plátanos? ¡Ves chola por meterte con indios lo que sacas!
- ¡Oye, Johnny! ¡Pendejo eres, no! ¿Quién te ha dicho que beso por gaseosa? Yo valgo mucho más que tres carneros. Que va a ser gaseosa, cholo burro. Vamos no más Don Cipri. Qué va a saber esta bestia de nuestros negocios. Ya te arrepentirás cuando sea artista de periódico. ¡Carajo!
- No hagas caso chola. Pero bien burra eres tú ¿no? A mi no más debes hacerme caso. Nada de indios ¡carajo!. Cuando yo te llamo tú dejas todito y vienes ¡carajo!. Si no, te boto de la escuela y haber quien te va a pagar todos los meses. La gente es viva chola. ¿Tú crees que ellos te quieren por tu cara o por tus piernas? Te quieren por tu platita chola, por tu sueldito fijo ¡carajo!.
- ¡No! Don Cipri. Porque el Johnny gana su plata también.
- Oye, Chola burra. ¿Acaso aquí alguna mujer gana plata? Las maestras y tú no más pues y ellas ya tienen marido, o sea que tú no más quedas. Así que cuídate porque todos ven que si se casan contigo podrían tomarse más cervezas al mes.
- ¡Verdad! ¿No, Don Cipri? O sea, éstos lo que quieren es piscos nada más ¿no?
- ¡Ay! Eloisa. Más burra eres. Bueno, bueno, chola, vamos al poste que te voy a enseñar tus calateces que ya fui a revelar.
- Don Cipri ¿A quién le ha revelado? Burro mentiroso, usted dijo que no iba a revelar a nadie.
- ¡Carajo! No seas burra chola. Revelar es que ya les han puesto en cartón.
- ¡Ah! Ya, ya. Sí pues, me ha explicado el otro día. A ver muestre pues, Don Cipri.
- Mira cholita... con la cara de caballazo que sales cuando te asustas. Pero mira... aquí que bonita sales calatita.
- ¡Ay! Don Cipri... Mire la foto... pero tape, tape... no me vaya a resfriar.
- Cómo te vas a resfriar chola ¡Es foto!
- ¡Ah! Sí pues, verdacito.
- Mira Cholita...yo ya mandé a “El Oreja” tus fotos y un japonés que es jefe va a venir.
- ¿Qué Dice Don Cipri?
- Sí cholita, como lo escuchas, va a venir. Tú no le digas a nadie todavía hasta que seas “Artista de Periódico”. Pero éste quiere verte a ti y a otra más.
- ¿A quién Don Cipri?
- No sé pues chola. Hay que buscar a alguien, porque para una no más no va a atracar. Es como un concurso, tienen que haber más.
- ¿Otras me ganarán?
- No pues, chola. Buscamos una más fea pues... cosa que tú ganas; además yo ya hablé pues... tú eres la fija que va a ganar, pero búscate a alguien pues.
- Ya sé, ¡Oiga! Don Cipri. Tengo una amiga que se parece a la Rosa Rosas de Rosales; se llama Arroba, le voy a conversar.
- Esa es mi chola ¡carajo!. Bueno, lávale su cerebro y mañana me cuentas.
- Oye y ahora ¿Dónde vas?
- No, es que me da pena el Johnny pues. Después de todo tiene su corazón blanco.
- Bueno, anda no más. Pero no digas nada a nadie.
- No, Don Cipri. No se preocupe. ¿Cómo voy a decir que me encalato?
A Don Cipri le encantó la idea de montar un miniestudio en su cuartito del colegio con la colaboración del “Chino”. Volvió a su habitación y se entregó por completo al placer que le generaba contemplar las fotos de Eloísa, placer que era mucho más grande que verla directamente.
Llegó el Lunes. Don Cipri estaba dictando su clase cuando interrumpió Eloísa. Él salió por la puerta del salón y le preguntó:
- ¿Traes respuesta, Cholita?
- Sí, mi Don Cipri. La Arrobita dice que esta bien, pero siempre y cuando salga en “El Oreja”.
- ¡Carajo! Cómo no va a ser, si va a venir el gerente del periódico, es un Sr. “Chino” que creo es del gobierno y hasta propina les va a dar.
- ¿Propinas? Don Cipri.
- ¡Claro! Diez soles creo.
- ¡Ay! ¿Y no le podré decir a mi hermana? Sólo que a ella le han cesareado.
- Bueno, llévala de todas maneras. Si ella esta de acuerdo no importa, total hay modelos con chuso (cicatriz) y creo que hasta reinas.
- Ya pues, Don Cipri ¿Para cuándo?
- Prepáralas para el Sábado por la tarde. Yo voy a coordinar con el gerente de “El Oreja”.
Esa misma tarde salió Don Cipriano Contreras Montero rumbo a Chincha para hablar con el oriental, el que se entusiasmó tanto que le ofreció llevar una cámara profesional con tres rollos y no cobrar.
Llegó el Sábado y Don Cipriano empezó a hervir Hierba Luisa para darles trago a las chicas. El alcohol facilita las cosas y le abre las puertas al corral de burros que llevamos en el cerebro. A las tres se apareció Luis Maverick Tanaka “el Chino” con su cámara de fotos, sus lámparas y con papel de envolver que puso como escenografía de fondo. Todo quedó listo y también el plan para hacerles creer que él era gerente de “El Oreja” hasta había traído tres ejemplares para regalarles, los que había comprado por tres soles. Don Cipri le dio además treinta soles de la caja del colegio para las propinas. Se escucharon algunos golpes en el portón, eran las tres chicas que llagaban asegurándose bien de que ningún chismoso del pueblo las vea entrar. Pasaron y de inmediato las presentaron a “el Chino”. Ahí mismo se notó cierto protagonismo de parte de Eloísa, quien había quedado completamente convencida de que él era gerente de “El Oreja” después de que les regaló los ejemplares. Las tres pasaron al cuarto de Don Cipri y ahí escucharon a “el Chino”.
- Bueno Señoritas. Ser Luis Maverick Tanaka Yoshiyama.
- ¡Asu macho! No me diga que pariente del que es su yunta del Fujimori.
- Yo ser ése, pariente mío es.
- Pero ustedes decirme Chinito no más.
- ¡Ja, ja, ja! Ya Sr. Chinito.
- Bueno, ahora ustedes escuchan ¿ya?
- ¡Ya! Sr. Chinito.
- Miren “Oreja” es periódico del pueblo, gusta ver mujeres calatitas. Cada cierto tiempo nosotros busca modelos nuevas. Cipriano me ha invitado para hacerles pruebas “casting”, además mandó bonitas fotos de Señorita Eloísa. Ahora ustedes sentirse bien como si nosotros no estar acá, es trabajo no más, sólo calatean, además al final vamos a dar platita, poca no más como pa` pasaje.
- Y ¿Cuándo saldremos en “El Oreja”, pues? Sr. Chino.
- No, todavía hay que ver qué tal se ve tu foto............. y tu poto.
- ¡Ja, ja, ja! (todos)
- Claro pe`, tenemos que ver.
- Ahora vamos a brindar para que todo salga bien. Pero mientras quiero conocer a señoritas, preséntese por favor.
- Oigan, lo que quiere decir el Sr. Chino es que cada una debe decirle su nombre y quién es ¿Entienden?
- Empieza tú, Eloisa.
- Hola Sr. Chino. Yo soy Eloísa, trabajo aquí en el colegio y ya voy a ser “Artista de Periódico”
- Arroba Ormeño. Yo soy amiga de Eloísa y vivo en mi casa, a veces vendo fruta de mi chacra y los Domingos trabajo atendiendo en el toldo de comida que esta en la Plaza de Armas. Me tomaron por guapa.
- Yo soy Chevy. Soy hermana de Eloísa, vivo con ella y tengo dos hijos, pero no me he casado. Nadie me va a prohibir que salga en “El Oreja”.
- Muy bien chicas. ¡Salud! ¡Por “El Oreja! y ¡Por las futuras estrellas!
Esa noche Eloísa se sintió la maestra del modelaje, fue la primera en quedar en ropa interior; las otras al verla tan suelta se aventaron al ruedo, quedaron desnudas después de una hora y “el Chino” pudo hacer las fotos que quiso. Don Contreras fue un espectador, él nunca tocaba pues simplemente no quería, su goce estaba en ser observador. Al final de la fiesta “el Chino” pudo acostarse con Chevy en un salón de clases, lo que encantó a Don Contreras ya que lo contempló con gran deleite desde la oscura ventana.
Las chicas se marcharon a eso de las once y cuando salieron encontraron a Johnny, quien había estado esperando a Eloísa, no estaba molesto más bien tenía curiosidad de saber lo que ocurría. Fue a hablarles pero de pronto vieron que pasaba corriendo el negrito Fito, el loco de “El Carmen”; iba muy veloz y con la mirada fija hacia el frente cantando muy fuerte “El amor después del amor, tal vez”, volteó su rostro y con voz de megáfono dijo: “¡Buenas Noches con todos!” y continuó corriendo. Después de este incidente Johnny intervino:
- Eloísa vamos al poste para hablar.
- ¿Para qué poste, oye? Aquí no más habla. ¿Por qué sin gente?
- Eloísa, es de gente a gente.
- Colegas, esperen pues que el Johnny esta bien cargoso.
- Eloísa ¿Qué es lo que estas haciendo ahí con Don Contreras? ¿No estarán encamándose todos?
- ¡Cómo se te ocurre, oye! ¿Eres asno? En grupo no se hace “canchis canchis” (sexo). Estoy trabajando.
- Mentirosa, oye. Ama yuya, hanra warmy.
- Oye, no seas indio. No me hables Quechua.
- ¿Qué... también ya te olvidaste? Qué vas a estar trabajando, pues. Si ya has limpiado bien ayer.
- Mira te cuento, pero no vas a estar hablando como loro, ah. Porque conmigo te jodes, ni más te dejo entrar a mi cama.
- ¡Habla, pues! Para que me dejes dormir tranquilito.
- Mira, Don Cipri nos esta haciendo fotos para que salgamos en “El Oreja”.
- ¿En el periódico? ¿De qué? ¿Para ser empleada doméstica en Lima? No seas tonta, si aquí tienes trabajo.
- ¡Anda de acá asno!. ¡Qué va a ser para “muchacha”! ¿Acaso me ves chola?
- Oye, claro que tú y yo somos cholos. No te vez tu cara de huaco.
- ¡Insolente! ¿Qué cara de huaco? y el poto si no lo tengo de huaco ¿no? Te fregaste ya no te cuento nada.
- Pero es que te están comiendo el cerebro ahí. ¿De qué vas a salir en “El Oreja”?
- De “Artista de periódico”.
- ¡Ja, ja, ja!. Tú qué vas a ser artista.
- ¿Qué te burlas? ¡Oye, desgraciado!
- De verdad chola, no es por joder.
- Tú no sabes. Hasta ha venido un chino que es dueño de “El Oreja”.
- Ese chino saca fotos en Chincha. ¡Qué dueño de “El Oreja”! Seguro que te están engañando para verte en ropas de adentro.
- ¡Tú qué sabes Jhonny! Lo que pasa es que tú no quieres que yo surja, tú quieres que siempre esté en este pueblo de mierda. Pero mira estos diez soles, es mi primera platita.
- Eloísa te están engañando, bien ciega eres.
- Ándate a la mierda cholo envidioso y jódete por que hoy día harás el amor con tus ovejas. Así que déjame en paz con mis amigas del periódico.
- ¡Burra! Tú qué vas a salir en periódicos.
- Fuera de acá cholo asqueroso, a pezuña no más hueles.
A Eloísa le quedó cierta duda. Sin embargo no preguntó nada, sólo esperó con calma que vengan noticias. Un día se armó de valor y fue a preguntarle a Don Cipri pero lo encontró junto con “el Chino” retratando a la madre de un alumno, lo que le hizo dudar con más fuerza. Así, un día Lunes después de clases se acercó a Don Cipri y le dijo:
- ¡Oye! Don Cipri. Yo paro comprando “El Oreja” y nunca he salido, creo que tú me has engañado y nos has tomado fotos sólo para vernos las almas, me has abusado y yo como tonta he caído. Ya pues, ¿Nos sacas en “El Oreja” o no? Déjate de tonterías viejo mañoso.
- No te preocupes Cholita, justo de eso estabamos hablando. Dice “el Chino” que bonita quedarías con pelo rubio. Aquí me dio esta platita para que compres tinte al peluquero, pero nada de decir para qué a nadie, ah. Cuidadito con abrir la boca. Píntate y ven para la noche.
- ¿Pelo gringo? No pues Don Cipri, eso ni hablar.
- Sigues con tu cerebro bien serrano, oye. Ya, ya, anda no más ¡carajo!. Vienes a la noche para hacerte otras fotitos.
- Entonces, vuelvo Don Cipri.
Esa noche la operación se repitió. Eloísa estuvo muy motivada con su pelo rubio, ella ya se sentía toda una diva. Sin embargo “el Chino” intentó tomarla por la fuerza, razón por la cual salió de la Escuela muy molesta e insultando, entre sollozos, a este último y también a Don Cipri. Armada de valor fue hasta su casa, cargó a su hijo y metió todo su dinero en un bolso para volver a la escuela y decirles que se iría a Lima para ver si “el Chino” era efectivamente dueño de ”El Oreja”. En el camino encontró a Jhonny quien la notó sumamente ofuscada, pero no logró arrancarle ni una palabra. Más por orgullo y humillación, él le juró averiguar sea como sea este asunto pero ella le dijo que no se meta que era un asunto de Eloísa y que ella misma tendría que componer.
- ¡Abre la puerta, Don Cipri!
- Eloísa ¿Qué pasa? ¿Otra vez escándalo? ¡Qué feo te pones, ah!
- Es que me voy a Lima porque ese “Sr. Chino” me ha querido tomar en posesión, me ha tocado mis partes a la fuerza y ya no le creo que sea de ”El Oreja”, mañoso no más es. A usted también le habrá engañado o derrepente usted Don Cipri también es viejo mentiroso.
- Mira Chola, te voy a decir la verdad y cállate la boca porque si no, perderás tu trabajo de limpieza. ¿Tú que crees, que alguien como tú va a salir en “El Oreja”? Ni hablar pues cholita, es para pasar el rato. Mira, yo te voy a dar tus propinas y quédate tranquila, ya. Calladita no más chola.
- Pero don Cipri, mi pelo, mi cuerpo lo han calateado, mi carro que me compraría. ¡Cómo me han engañado, pues! ¡Malditos jarjachas! ¿Qué derechos tienen para hacer esto? ¡Malos! ¡Condenados!
- Ya cholita, pasa para adentro y ayúdanos más bien a tomarle fotos a la mamá del chico Espinoza, ¿ya?
Eloísa no le contestó, lo miró con el rostro más indignado de la historia de la civilización, se dio la vuelta y corrió con su hijo apachado en la espalda. Cuentan algunos que la vieron dando de alaridos por el camino que va a la costa, levantando el polvo de la trocha, dejando un humito como lo dejaba el correcaminos; un anciano vio desde su chacra como corrió tan pero tan veloz que se elevó por los aires hacia el horizonte y en algún momento explotó cayendo al mar partida en pedazos junto con su guaguita, formando según algunas leyendas las famosas Islas que están frente a Conchán. La verdad es que la impresión de Eloísa fue tal que sufrió una psicosis asociada con un síntoma de depresión mayor. Efectivamente, corrió a la carretera y tomó un bus con dirección al sur. Cuentan que la vieron vendiendo ropa en un mercado en Ilo.
Después de unos meses, Don Cipri ya tenía unas mil fotos de diversas mujeres del pueblo que aparecían desnudas; su colección era grande y casi ni salía de su casa, se deleitaba mirándolas. Por otro lado, Johnny con mucha ira interna y malicia le contó a un primo que él ocasionalmente robaba y lo fácil que era entrar a la escuela, así que decidieron meterse. Quedaron en que el primo se llevaría todo lo encontrado, él sólo quería encontrar evidencia, alguna carta, algo que le explique la desaparición de su chola querida. Don Cipriano volvió de Chincha y se encontró con unos policías en la puerta, de inmediato lo esposaron y lo llevaron a la comisaría.
En la comisaría él negó todo, pero algunas mujeres rindieron testimonio, lo que dejó en claro su chantaje. Después de unos días lo derivaron al penal de Chincha. Allí se tiró en la cama completamente cansado, el proceso iba a ser largo y tedioso, pero sabía que no podían darle una pena muy larga pues él nunca tuvo sexo con ninguna de sus víctimas; en unos cuantos añitos volvería a respirar la tierra de chacra, a contemplar el torrente cargado del Río Chincha de Enero a Marzo y a ver los animales del campo. Sólo le preocupaba que ningún colegio lo recibiera ni para dictar historia, además su amiga del Ministerio de Educación ya no lo ayudaría más; pero pensaba derrepente ir al periódico de Pisco y ofrecer sus servicios de fotógrafo o pararse en la Plaza de Armas de los pueblos y fotografiar a la gente cuando sale a pasear para después venderle los retratos baratito.
La celda era fría y la compartía con dos personas más, le molestaba que uno de ellos era muy pezuñento, pero una vez pasado algunos minutos ya casi ni sentía el olor. Antes de que apaguen las luces volvió a leer “El Oreja”, diario en el que había salido Don Cipri, después de todo este escándalo, junto con alguna de las fotos que había hecho pero en las que habían puesto una “X” negra en el rostro. Don Cipri sonrío sabiendo que era el poto de Eloísa el que había salido en el diario. ¡Que tal chola! Dijo en voz baja. Lo consiguió, su poto se hizo famoso pero en policiales de “El Oreja”. No podía dormir, así que empezó a descascarar la humedad de la quincha de la pared (cañas y barro) con la uñaza que tenía en el dedo chiquito. De pronto se desparramó un pedacito de tierra justo a la altura de su cabeza y vio un rayito de luz, era una ranura entre la celda y la habitación continua que estaba en el área administrativa del penal. Inclinándose un poco logró pegar el ojo y ver un foco, una cama y dos personas desvistiéndose; era ese tipo de cuartos que hay en todas las prisiones para que los presos puedan tener relaciones sexuales con sus esposas. Supuso que esa noche se lo habían asignado a ese reo, así que sonrío y empezó a mirar con mucha atención.
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