Un cuento para cada día    Alhaurín de la Torre,  20 de febrero de 2003

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 CIRCULAR

David Canales Requelme choyo77@hotmail.com  

      6:58 a.m.
Me levanté bruscamente. No había otra forma. De repente sentí como mis sueños eran cortados violentamente por  un sable. Ya despierto, el mismo pensamiento que venía dando vueltas por mi cabeza, desde hacía tres meses, la volvía a tomar por asalto. Era imposible dejar de pensar en ello. Sin embargo, hoy, algunas horas más tarde, todo ese malestar habrá terminado.
Inesperadamente una hermosa relación se había convertido en todo lo contrario. De la noche a la mañana el sueño se volvió una horrible pesadilla. Era increíble. No obstante, por la noche me encontraría con ella. Misma hora, mismo lugar. De testigos: una mesa, dos sillas y las cuatro paredes de una antigua cantina del centro de Lima.
Ya podía imaginar la escena: nos miraríamos las caras, expondríamos nuestros argumentos y finalmente decidiríamos si la relación continuaba o terminaba. Para ambas circunstancias estaba preparado pero para lo que no estaba era para que esta ansiedad continuara.
      
       5:17 p.m.
Desperté de pronto. Era la sexta vez que lo hacía en ese terrible día. Ahora, a diferencia de  la primera vez, me desperté naturalmente; es decir, abrí los ojos simplemente porque mi cuerpo así lo quiso. Ningún sable lo interrumpió en esta ocasión. No fui a trabajar, no desayuné, no almorcé, es más no salí de mi habitación durante el día.
La ansiedad por conocer la respuesta empezaba a molestarme realmente. Ya podía sentirla por mis piernas, como avanzaba poco a poco, como subía gradualmente, como ganaba terreno en mi territorio. Era una bola de nieve que descendía a 10 km. /h.
Decidí darme un baño y así lo hice. Durante éste me masturbé para bajar en algo la bola de ansiedad. Después meticulosamente me vestí. Uno a uno, pieza a pieza, fingiendo estar calmado, calculando. Talco en los pies, dedo a dedo; medias limpias, truza limpia, desodorante a las axilas, pantalón limpio y camisa limpia. Finalmente me cuadre ante el espejo, arreglé los pocos pelos que me quedan. Miré fijamente mi reflejo y llegué a la conclusión de que nada descubría .
Antes de salir hacía la cita, encendí el componente e introduje el c.d. sueño stereo de soda. Escogí la pista 2,disco eterno, y la programé para que ésta de vueltas, vueltas y más vueltas. Aplaste play, el c.d.  empezó a girar y ese segmento de mi vida de alguna manera también. El volumen lo dejé 5 puntos antes del máximo, el sonido era casi insoportable, los parlantes vibraban como un maldito corazón enamorado, acelerado y celoso.
 
La historia realmente empieza aquí el resto es simulacro.
 
Bajé las escaleras tal como me vestí: len-ta-men-te, pau-sa-do. Casi como pidiéndole permiso a mis piernas. Justo antes de abrir la puerta, parado exactamente en el felpudo que dice welcome, un aire frío recorrió mi cuerpo de abajo hacia arriba, me estremecí y luego respiré profundamente tal como lo indican los manuales hindúes. De pronto: "......poner un disco eterno/ y  moverme tornasol/ un espíritu/ a veces seguro/ otras veces incierto/ quiero descubrir/ porque este deseo crece......."  Cerati y su pandilla arremetieron.
    
     10:00 p.m.
La esperé sentado en el bar hasta que escuché : "señor es hora de cerrar". Nunca llegó. Eso significa una sola cosa. Pero ahora ya no importa.
 
Ahora, después de 5 horas, me encuentro parado en el mismo lugar: la puerta de mi casa; escuchando la misma canción: disco eterno; sintiendo la misma sensación: una lenta bola de angustia y por alguna razón ese frío mentolado recorriendo otra vez mi cuerpo que descansa sobre un felpudo que da la bienvenida.
 
                           "........oir un disco eterno
                            girar en tornasol..........."        G.Cerati.    
    



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