Un cuento para cada día Alhaurín de la Torre, 31 de enero de 2003
Ausencia de dolor
Jesús S. Ibáñez. Marbella. España. kaosjsi@idecnet.com
Ella estaba dormida, y su cuerpo desnudo temblaba bajo las sabanas presagiando su oscuro final. El cuchillo se sumergió en su vientre como si fuera un pastel, su dulce y cálida sangre brotaba con inusitada violencia hacia mi rostro, mientras su cuerpo aún tierno se retorcía en una última convulsión cargada de despedida. Con la delicadeza de un artesano recorté con precisión sus hermosas extremidades. Hasta sus dedos encontraron una nueva individualidad en la independencia de la amputación. Ella ya no era ella, ella era ahora mil trozos de carne diseminados, mil gotas de líquido rojo derramado sobre las sabanas, mil suspiros escapados hacia el aire tenso y vibrante de su habitación.
Sus vísceras parecían vivas, moviéndose lentamente como un ejercito de gusanos, manteniendo la vida mas allá de los absurdos límites científicos.
Ahora estoy aburrido y solo en su cuarto. Los restos del cadáver ya putrefacto hace tres días que comenzaron a desprender un hedor insoportable y puñados de pequeños animales devoran aquellos pedazos de carne que mi saciado apetito no ha utilizado. Y es que el rojo ha dado paso a antiestéticos grises, negros y verdes que han empobrecido el decorado.
Ahora estoy aburrido y solo y creo que ya no la quiero.
Así que voy a abandonar este estúpido cuarto maloliente y voy a salir a la calle a buscar un nuevo cuerpo que recoja mi sed de amor.
Porque en el fondo yo solo soy un solitario.
Y necesito ternura. Mis dientes necesitan ternura.
Ella era tan hermosa que merecía no existir mas que en las leyendas y en los cuadros. Su presencia en este estercolero era un insulto al escenario doméstico.
Ahora ella ya no está y yo solo siento ausencia de dolor.
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